Como si fuera una puerta de entrada a una ciudad, un albergue se erige como un lugar familiar donde se puede permanecer por un tiempo limitado a cambio de pagar precios módicos, de infraestructura sencilla aunque suficiente para el descanso y la recreación. Ocupado en general por jóvenes o grupos de jóvenes que viajan a nivel nacional e internacional, lo interesante de este tipo de alojamiento es que por ser punto de encuentro de culturas diferentes se constituye en un espacio de comunicación, convivencia y confraternización.

Las características físicas más elementales de un albergue son las de tener dormitorios que pueden o no ser compartidos, instalaciones sanitarias suficientes, sala de estar, así como lavadero y cocina que en ocasiones permiten ser utilizados por los propios pasajeros. Los servicios de restaurante y la venta de algunos productos alimenticios son optativos, si bien el desayuno suele estar incluido en la noche-cama. Asimismo, se brinda información sobre otros albergues de la zona o del país.

Un albergue de ciudad ofrece seguridad y limpieza. En algunos establecimientos permiten a los visitantes participar en tareas tales como hacer las camas o barrer los dormitorios, lo que colabora en mantener la higiene y el orden sin por ello recargar las tarifas.

Más modestos algunos, mejor equipados otros, lo cierto es que un albergue de ciudad puede ser vivenciado como una comunidad de amistad, allí donde diferentes personas se relacionan sin tener en cuenta clases sociales, condiciones económicas, opiniones, así como tampoco procedencia étnica, religiosa, política o de cualquier otra índole. Conocer costumbres diferentes a las propias y compartir actividades deportivas, artísticas, ecológicas y socio-culturales, que se desarrollen dentro o fuera del albergue, posibilita una riqueza cultural sin fronteras.

Muchos albergues están federados en una organización internacional, que extiende un carné de miembro que permite beneficiarse con la utilización de establecimientos similares en distintas partes del mundo detallados en una guía informativa. Lo cierto es que un albergue de ciudad sirve para comer y dormir mientras se disfruta de las vacaciones, aunque sus objetivos como lugar de encuentro multicultural van mucho más allá de lo turístico: mientras que en un hotel de ciudad la gente muchas veces tiende a separarse, por el contrario un albergue de ciudad une a las personas y fomenta la ayuda mutua, a pesar del tiempo breve de convivencia.

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